El video del momento es este, cuando Pedrosa le niega en saludo a Simoncelli.
Pero todo viene de mucho atrás, cuando Dani Pedrosa acabó en un hospital, tras una caida en el circuito de Le Mans durante el Gran Premio de Francia de Moto GP.
No se cayó de manera accidental, si no por una maniobra que hizo Marco Simoncelli, que le cerró el paso cuando Pedrosa tenía cogido el interior de la curva, una acción que fue estudiada por la dirección de la carrera y sancionada.
Dani Pedrosa iba segundo en el momento del accidente, mientras que Simoncelli era tercero y finalizó en quinta posición.
En este accidente ocasionado por una mala práctica de la conducción y mal compañerismo, Dani Pedrosa tuvo una fractura limpia de su clavícula derecha.
Yo pienso que todas estas ilegalidades, que pueden llevarse la vida de alguien o accidentar de manera grabe, deberían tomar más cartas en el asunto. Esperemos que no se repitan.
Actualización (gracias Paulo), esta fué la noticia e historia de lo ocurrido:
”Ayer me llamó la madre de Juan para decirme que tenía un video de un accidente en el mismo punto donde se mató su hijo. Para ella era como si su hijo, una vez más, se pusiera en contacto para mostrarle cómo había sido su accidente en ese punto negro de la asesina M-607.
Habían decidido, puesto que las condiciones climatológicas eran parecidas al fatídico día, ir a ver en qué estado estaba el lugar donde hace poco más de un año perdió a su hijo. Una curva que probablemente tenga el peralte invertido.
Comenzaron a grabar unos metros antes de la curva y ella le pidió a su hijo que le mostrara, le diera una señal. Y la señal vino inmediatamente en forma de un nuevo accidente, que quedó grabado en este vídeo que se puede ver en Youtube y del que es autor Carlos Pérez Bertrán.
Acabo de ver el vídeo y aún estoy temblando.
Afortunadamente, los ocupantes del coche accidentado se salvaron. No les pasó lo que a Juan. Pero una vez más queda patente que este punto negro va a seguir ahí por todo el tiempo que quiera la Comunidad de Madrid, Fomento o a quien ¡Coño! le corresponda eliminarlo, quitando vidas y produciendo heridos.
Esta madre, que cuando ve en directo este accidente, casi como si fuera la reproducción del accidente donde perdía a su hijo, grita ¡Hijos de Puta!, no pudiendo reprimir su rabia y dolor. No se está refiriendo a los que están teniendo el accidente en ese momento. Se refería a los que permiten y siguen permitiendo que los puntos negros sigan por años, sin que se haga algo para evitarlos o corregirlos. Esta madre que, además de perder a su hijo, ha comenzado una lucha contra este maldito punto negro de la M-607, tendrá que gastarse su dinero para demostrar a la Administración que fue la carretera la causante de la pérdida de su hijo, y si nadie lo remedia, seguirá produciendo más muertes.
Desde la muerte de Juan, este punto tan solo se ha modificado con dos señales que se pueden ver en el vídeo, limitando la velocidad a 80 y señales de la curva, pero este vídeo que está grabado sobre las 16:45 h de ayer día 27 de febrero, recoge cómo los quitamiedos ya estaban abollados por otro accidente que había ocurrido ese mismo día por la mañana, según información de la propia guardia civil. Tanto ésta como los bomberos confirmaron que están en ese punto todos los días y los alrededores, según la madre de Juan, con sus restos de coches, confirman el rastro de estos siniestros.
Accidente en punto negro autovia colmenar m-607 km. 28.8 .
“Querido imbécil: No llegarás a comerte las próximas uvas, porque de aquí a un año estarás muerto. Y cuando digo muerto quiero decir muerto de verdad, criando malvas para los restos. No palmarás, te lo comunico, de forma heroica, ni útil, ni siquiera natural. Habrás fallecido estúpidamente, a ciento ochenta y en un cambio rasante, o una curva, susto cuando pongas para ti mismo cara de duro de película y metas gas, intrépido, jaleado por música imaginaria o real, creyéndote el rey del mambo. Lo peor del asunto, discúlpame, no será tu pellejo; que al fin y al cabo – salvo para ti mismo y algún familiar- no valdrá gran cosa al precio a que lo vas a vender. Lo malo es que te llevarás por delante, quizás, a gente que ningún interés tiene en acompañarte en el viaje: amigos incautos, la familia que vaya de vacaciones en el coche opuesto, el peatón, el camionero que trabaja para ganarse la vida. Sería más práctico y más limpio, ya puestos a eso, que acelerases hasta doscientos y te estamparas en bajorrelieve contra una pared, que es un gesto más íntimo y considerado. Pero sé que no lo harás así, por que en lo tuyo no hay voluntad de hacerte pupita. Cuando llegue será de forma imprevista, y aún tendrás tiempo de poner ojos de esto no me puede ocurrir a mi antes de romperte los cuernos y quedarte, como dicen los clásicos, mirando a Triana para los restos. Llevo varios años viéndote pasar a mi lado por carreteras y autovías, abonado el carril izquierdo, dándome las luces para que te deje, en el acto, franco el paso. A veces te pegas a un palmo del parachoques trasero, confiando siempre, ante mi posible frenada, en la sólida mecánica de tu coche y en tus proverbiales reflejos y sangre fría. En la intrepidez de tu golpe de vista y en el valor helado, sereno, que tanta admiración despierta a tu alrededor y, en especial, en ti mismo. Guapo. Machote. Que eres un virtuoso. Mira, voy a confiarte un secreto. Somos tan frágiles que te temblarían las manos si lo supieras. Todo cuanto tenemos, que parece tan sólido y tan valioso y tan definitivo, se va al carajo en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor guiño del azar, la vida, la condición humana. Basta un insecto, un virus, un trocito de metal en forma de metralla o bala, una gota de agua o de aceite sobre el asfalto, un estornudo, una cualquiera de esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y tú y todo lo que tienes, y todo lo que representas, y todo lo que amas, y todo lo que fuiste, lo que eres y lo que podrías haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jamás. Así nos iremos todos, claro. Pero unos se irán antes que otros. Y a ti, querido, te toca en 1994 la papeleta. Claro que a lo mejor me mato yo antes. O a lo mejor me matas tú. Pero yo sé que eso puede ocurrirme cualquier día en cualquier sitio, porque mi condición es mortal. Mientras que a ti ni siquiera se te ha pasado por la cabeza. Lamento no poder comunicarte las circunstancias exactas en que efectuarás -afortunadamente- tu último adelantamiento. Ignoro si tu nombre quedará sepultado en las estadísticas de operaciones retorno, puentes o fines de semana, o si merecerás tratamiento individual, tal vez con foto de hierros y retorcidos pies asomando bajo una manta -siempre se pierde un zapato, recuerda, no uses calcetines blancos- en las páginas de un diario o, incluso, con suerte, en un informativo de la tele. Pero las circunstancias de tu óbito me traen al fresco. Como ya sabes que no suelo cortarme en esta página, diré que ni siquiera me importas tú. Hay quien afirma que toda la vida humana es sagrada, y puede que sea cierto. Pero no resulta menos cierto que ya he visto desaparecer unas cuantas vidas, y que algunas me parecen menos sagradas que otras. En cuanto a la tuya, y me refiero a tu vida personal e intransferible -salvo que creas en la reencarnación-, allá cada cual si quiere pagar tan caro el dudoso placer de cabalgar a caballos de hojalata que devoran a su jinete. Y no vengas con eso del amor al riesgo y el vivir peligrosamente. Conozco a mucha gente que sabe perfectamente, de grado o por fuerza, lo que es riesgo y la vida peligrosa. Gente que sí merecen que derramen lágrimas por ella cuando le pican el billete, en lugar de lamentar la desaparición de fulanos como tú; de tipos incapaces de valorar la vida que poseen y que por eso la malgastan. Qué sabes tú del riesgo, capullo. Y de la muerte. Y de la vida. Que tengas buen viaje.”
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