Hay un nuevo radar en el tramo Z-40 de Zaragoza. El sistema calcula la velocidad media a la que circulan los vehículos durante varios kilómetros, por lo que no se evitará con un frenazo. Tráfico solo había colocado estos aparatos en tres túneles españoles. La DGT instala radares de tramo en el Cuarto Cinturón, pero no multará “de momento”. Según Heraldo.es  Nuevo radar en el tramo Z-40 de Zaragoza En Zaragoza. No han empezado a multar “de momento”, pero ya están instalados en el Cuarto Cinturón de Zaragoza (Z-40). Se trata de los nuevos radares de tramo, el más sofisticado sistema de control de velocidad de la Dirección General de Tráfico (DGT). A diferencia de los convencionales, estos aparatos utilizan dos puntos de medición, ya que lo que calculan es la velocidad media de un vehículo durante un recorrido concreto. Hasta la fecha, solo se había anunciado el uso de esta tecnología en tres peligrosos túneles españoles. Y aunque en estos lugares se confirma que se utilizará para sancionar, Tráfico asegura que en la capital aragonesa “por ahora, solo tendrá fines informativos”. Según ha podido saber este periódico, los puntos de control de paso salpican todo el anillo de la Z-40, que incluye las rondas Norte, Sur y Este. La colocación de las cámaras y todo el aparataje necesario para su funcionamiento comenzó hace ya tres meses. Finalizada la instalación, el sistema ha entrado ahora en un periodo de pruebas. El denominado pórtico de entrada, donde los vehículos son fotografiados por primera vez, está ubicado a la altura del Hotel El Cisne (cerca de la Feria de Zaragoza). El punto de salida, donde se vuelve a registrar el paso, se encuentra situado en el barrio de Santa Isabel. A diferencia de los velocímetros convencionales, que funcionan con una sola cámara colocada sobre el carril rápido o izquierdo, los nuevos radares de tramo usan dos objetivos: uno sobre cada carril. En el caso del Cuarto Cinturón de Zaragoza, además de en los mencionados pórticos de entrada y salida, se han dispuesto cámaras dobles en otros puntos intermedios. Según fuentes de la DGT, “de esta manera, se pueden calcular velocidades medias en más de un tramo”. Actualmente, el Centro de Gestión de Tráfico de Zaragoza está utilizando la información que le reporta el sistema para informar a los usuarios de las rondas del tiempo que les resta hasta llegar a un enlace o carretera. De tal modo que, cuando pasa por debajo de un pórtico con paneles informativos, el conductor puede ver los minutos que le quedan para llegar a la A-2, A-68 o Z-30 (Tercer Cinturón). Obviamente, los tiempos están calculados basándose en la lectura de matrículas de vehículos que circulan sin sobrepasar los límites de velocidad. Solo falta el software El propio ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, anunció a comienzos de julio la instalación de los radares de tramo en tres pasos subterráneos de la red viaria nacional: el de Guadarrama (AP-6, sentido Madrid), el de Negrón (AP-66, que une León y Asturias) y uno de la AP-7 a su paso por Málaga. No se ha incluido la circunvalación de Zaragoza en esta lista porque todavía hay intención de utilizar el sistema para multar. Sin embargo, como confirman fuentes de la DGT, “lo único que haría falta para sancionar los excesos de velocidad en la Z-40 sería una aplicación informática”. Es decir, la principal inversión y el trabajo más complicado ya están hechos. Cuando Tráfico se decida a multar en el Cuarto Cinturón, solo tendrá que instalar un programa. Según ha podido saber este periódico, las obras que se ejecutan en la Ronda Norte han obligado a los conductores a reducir de forma considerable la velocidad en este tramo del cinturón, que se corresponde con el trazado de la A-2. De hecho, este podría ser uno de los motivos por los que todavía no se ha querido empezar a usar los nuevos radares para multar. Los aparatos no podrán ser neutralizados por los sistemas antirrádar y contarán con mecanismos de vigilancia anti-vandalismo. Las radares envían la información por fibra óptica, y parece que incluso ha habido algún intento de robo en Zaragoza. Como hasta ahora, la DGT colocará paneles informativos para advertir al conductor que entra en una zona donde la velocidad está controlada. Pero ahora, no bastará con levantar el pie del acelerador solo unos segundos. “Querido imbécil: No llegarás a comerte las próximas uvas, porque de aquí a un año estarás muerto. Y cuando digo muerto quiero decir muerto de verdad, criando malvas para los restos. No palmarás, te lo comunico, de forma heroica, ni útil, ni siquiera natural. Habrás fallecido estúpidamente, a ciento ochenta y en un cambio rasante, o una curva, susto cuando pongas para ti mismo cara de duro de película y metas gas, intrépido, jaleado por música imaginaria o real, creyéndote el rey del mambo. Lo peor del asunto, discúlpame, no será tu pellejo; que al fin y al cabo – salvo para ti mismo y algún familiar- no valdrá gran cosa al precio a que lo vas a vender. Lo malo es que te llevarás por delante, quizás, a gente que ningún interés tiene en acompañarte en el viaje: amigos incautos, la familia que vaya de vacaciones en el coche opuesto, el peatón, el camionero que trabaja para ganarse la vida. Sería más práctico y más limpio, ya puestos a eso, que acelerases hasta doscientos y te estamparas en bajorrelieve contra una pared, que es un gesto más íntimo y considerado. Pero sé que no lo harás así, por que en lo tuyo no hay voluntad de hacerte pupita. Cuando llegue será de forma imprevista, y aún tendrás tiempo de poner ojos de esto no me puede ocurrir a mi antes de romperte los cuernos y quedarte, como dicen los clásicos, mirando a Triana para los restos. Llevo varios años viéndote pasar a mi lado por carreteras y autovías, abonado el carril izquierdo, dándome las luces para que te deje, en el acto, franco el paso. A veces te pegas a un palmo del parachoques trasero, confiando siempre, ante mi posible frenada, en la sólida mecánica de tu coche y en tus proverbiales reflejos y sangre fría. En la intrepidez de tu golpe de vista y en el valor helado, sereno, que tanta admiración despierta a tu alrededor y, en especial, en ti mismo. Guapo. Machote. Que eres un virtuoso. Mira, voy a confiarte un secreto. Somos tan frágiles que te temblarían las manos si lo supieras. Todo cuanto tenemos, que parece tan sólido y tan valioso y tan definitivo, se va al carajo en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor guiño del azar, la vida, la condición humana. Basta un insecto, un virus, un trocito de metal en forma de metralla o bala, una gota de agua o de aceite sobre el asfalto, un estornudo, una cualquiera de esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y tú y todo lo que tienes, y todo lo que representas, y todo lo que amas, y todo lo que fuiste, lo que eres y lo que podrías haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jamás. Así nos iremos todos, claro. Pero unos se irán antes que otros. Y a ti, querido, te toca en 1994 la papeleta. Claro que a lo mejor me mato yo antes. O a lo mejor me matas tú. Pero yo sé que eso puede ocurrirme cualquier día en cualquier sitio, porque mi condición es mortal. Mientras que a ti ni siquiera se te ha pasado por la cabeza. Lamento no poder comunicarte las circunstancias exactas en que efectuarás -afortunadamente- tu último adelantamiento. Ignoro si tu nombre quedará sepultado en las estadísticas de operaciones retorno, puentes o fines de semana, o si merecerás tratamiento individual, tal vez con foto de hierros y retorcidos pies asomando bajo una manta -siempre se pierde un zapato, recuerda, no uses calcetines blancos- en las páginas de un diario o, incluso, con suerte, en un informativo de la tele. Pero las circunstancias de tu óbito me traen al fresco. Como ya sabes que no suelo cortarme en esta página, diré que ni siquiera me importas tú. Hay quien afirma que toda la vida humana es sagrada, y puede que sea cierto. Pero no resulta menos cierto que ya he visto desaparecer unas cuantas vidas, y que algunas me parecen menos sagradas que otras. En cuanto a la tuya, y me refiero a tu vida personal e intransferible -salvo que creas en la reencarnación-, allá cada cual si quiere pagar tan caro el dudoso placer de cabalgar a caballos de hojalata que devoran a su jinete. Y no vengas con eso del amor al riesgo y el vivir peligrosamente. Conozco a mucha gente que sabe perfectamente, de grado o por fuerza, lo que es riesgo y la vida peligrosa. Gente que sí merecen que derramen lágrimas por ella cuando le pican el billete, en lugar de lamentar la desaparición de fulanos como tú; de tipos incapaces de valorar la vida que poseen y que por eso la malgastan. Qué sabes tú del riesgo, capullo. Y de la muerte. Y de la vida. Que tengas buen viaje.” Carta a un imbécil (1994) – Arturo Pérez Reverte Acabo de leer este artículo en MásAlláDelAsfalto.com y lamentablemente refleja la cruda y verdadera realidad de muchos jóvenes. Dice lo siguiente: Me acabo de sacar el carné de conducir. Tengo 18 años. Normalmente hago deporte. Buena salud. Juventud. Buenos reflejos. Y recibo mi primer coche.
Comprado con sacrificio de mis padres, para que su hijo aprenda a conducir. Comprado con el fruto de mi trabajo. Comprado con el fruto de mis ahorros. ¡Qué más da! Lo único que importa, es que tengo coche.
He visto tres o cuatro páginas de internet, donde hablan de coches. Modelos, como conducir, circuitos… y me han gustado mucho.
Se suben amigos míos. Quiero demostrar todo lo que soy capaz de hacer al volante, y la gran injusticia que es, que un tal Fernando Alonso esté compitiendo en una Fórmula 1, y nadie se haya fijado en mí, que seguro lo puedo hacer infinitamente mejor.
Arranco picando rueda. Que mejor forma de demostrar todo lo que sé, que con mucha velocidad. Además.. ¡ya tengo el carné! Poseerlo me da derecho a correr.
Giro el volante bruscamente. Puedo conducir de mil y una formas distintas, y domino todas ellas. ¡Lo he leído en el Internés! Voy de lado a lado, adelanto a la gente como quiero, y todos ellos, me miran. Me admiran. Es envidia la que me tienen. No controlan como yo. Ahora es cuando la gente se da cuenta de la gran injusticia de Alonso y no yo. Por fin me doy a conocer.
¿Qué mejor forma de demostrar todo lo que se, que perdiendo el control de mi coche para luego volver a controlarlo? Mis amigos se asustarán, y luego dirán: Eh tío. Que pasote. Como flipas ¿no?. Tú si que sabes conducir. Lo tuyo no se aprende.
Freno y acelero de forma brusca, tiro de freno de mano en las curvas, como ya he leído. El coche resbala que da gusto. Mis amigos no dejan de sorprenderse, de reirse, de flipar conmigo. Pero yo tengo que ser serio. Demostrando que esto, no es nada nuevo para mí.
Entramos en la carretera. Veo un coche que sale de un camino en mi carril. ¿Pero que hace ese gilipollas? Justo cuando tengo la intención de adelantarle empieza a acelerar. Eso no es incorporarse a una vía. Eso es vacilarme. ME ESTÁ RETANDO.
Le digo a mis amigos que se pongan el cinturón, y que se preparen. Todos callan y flipan. Están ansiosos de ver la siguiente exhibición. Meto tercera y la estrujo todo lo que puedo. Ya voy a 100 km/h y el motor suena que parece que va reventar. Miro por el retrovisor, y todos se ríen, risa nerviosa por mi control. Es normal.
Estrujo 4ª todo lo que el coche puede. Ya voy a 150 km/h, y le estoy alcanzando. El coche que hoy estreno, es una gozada. ¡Como corre! ¡Seguro que no hay ningún coche más rápido que el mío, y si lo hay, yo lo conduzco mejor, y soy más rápido!
Meto 5ª. A 180 km/h ya voy a adelantar al tío que me ha vacilado. Míralo. Además va muy despacio. Irá a 100 km/h. Pringao. Su coche no podrá más. ¡Mierda! Lo que me ha costado llegar a 180, y ahora no veo si viene alguien. Puto cambio de rasante. ¡Bah! Aunque venga, le veré y me meto a mi carril. Le adelanto y se queda flipao, mirando como controlo. Otro más a mi club de fans.
Pero… ¿Qué es ese bulto grande que viene? MIERDA! UN CAMIÓN! Y ME ECHA LAS LUCES! ESE CAMIÓN, NO DEBERÍA ESTAR AHÍ! MIERDA!!! HERALDO DE ARAGÓN “Cuatro jovenes mueren en un tremendo accidente contra un camión”. Lamentablemente, esto es más común de lo que nos pensamos…
Y si a este tipo de situaciones le añadimos alcohol y drogas, las probabilidades de accidente se disparan. ¿Qué ocurre en esta sociedad? Ya lo decia mi padre que las prisas no son buenas consejeras. Si no ver lo que le pasa a estos conductores en el carril bus en Inglaterra… | |
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